|

El BOTAMARGES es una de las carrera de montaña más duras que se celebran actualmente en el Levante Ibérico, y probablemente en toda España. Sus 63 km de trazado, unido a lo escarpado del perfil (3.000 metros de ascensión acumulada) y lo agreste del terreno la han convertido en una prueba deseada y temida a la vez por los más fornidos corredores y montañeros de la zona. Cualquier cosa que se diga objetivamente sobre ella será poca, con lo cual quizás os baste con ver las imágenes del perfil para haceros una idea de la aventura.

ATERRADOR PERFIL DE LA PRUEBA

RECORRIDO DE LA CARRERA

AVITUALLAMIENTOS DE LA CARRERA
A continuación podéis leer la crónica personal y subjetiva, vista por los ojos de uno de los corredores que participamos en la misma el pasado 8 de octubre de 2.011.

por Óskar Correbirras.
Una vez más antepongo mi ignorancia suprema y mi inexperiencia en este tipo de carreras para ahorrarme soltar una charla técnica sobre la misma. Lo vivido en el Botamarges y las breves palabras que os narraré a continuación responden única y exclusivamente al dictado de mi alma, pues mis piernas, brazos, tronco y algunas partes de mi cuerpo que ni sabía que existían, aún se hallan doloridas y entumecidas desde que volvimos de Forna.
Quien se aventure a medir sus fuerzas en próximas ediciones de esta carrera tiene que estar preparado para casi cualquier cosa. Pero sobre todo para vérselas con las piedras. Redondas, planas, cortantes, afiladas, pequeñas, medianas, grandes, más grandes, sueltas, grises, blancas, oscuras... Si no te gustan las piedras, mejor te quedas en tu casa. Las piedras te acompañarán cuando salgas de Forna completamente de noche y tu frontal no sea lo suficientemente potente para alumbrar tus zancadas. Estarán presentes cuando comiences a subir las primeras cuestas y cuando empieces a trepar por las paredes de la Safor. Tendrás piedras cuando llegues a esta primera cima y los madrugadores rayos del sol empiecen a abrasarte la cabeza, y las seguirás contemplando cuando eches una mirada hacia abajo y veas lo que has sido capaz de subir con tan solo dos piernas.
Las piedras te aterrarán cuando empieces a descender y temas despeñarte por la ladera, pensando que, si caes, lo mismo no se enteran ni los depredadores nocturnos. Te acompañarán en tus bajadas, te cortarán los tacos de las zapatillas cuando trotes sobre sus afilados cantos y te pondrán mil impedimentos cuando la torpeza de tus piernas te hagan trastabillar una y otra vez con insignificantes cantos que normalmente sortearías sin dificultad alguna.
Tendrás piedras para dar y regalar, sí. Pero correrás, caminarás, treparás y te arrastrarás por paisajes de una hermosura grandiosa. Oirás conversaciones ajenas, cantarás, lo mismo a ratos notarás la soledad, sentirás los miembros agarrotados y aún así te obligarás a correr y correr si quieres llegar a tiempo antes de que vuelva la noche. Verás como avanza el tiempo y no los kilómetros. Olerás la parrillada y aún tendrás que agonizar durante horas hasta que llegues a lo alto del Castillo de Forna desde donde cogerás lo poco que quede de tí y lo lanzarás en picado hacia la plaza del pueblo. Allí te esperarán tus compañeros con abrazos y lágrimas y creerás que de una vez por todas la aventura ha tocado a su fin.
Pero no es del todo cierto. Aún no ha acabado el día: te espera el pueblo entero volcado con los corredores. Una organización de lujo que te trata de maravilla y te invita a parrillada, cerveza, dulces y todo lo que haga falta. Primero te meten al infierno pero luego, salgas victorioso o no, te cuidan y te miman porque saben que te lo mereces. Nunca una carrera ofeció tanto a cambio de tan poco, y nunca podremos estar lo suficientemente agradecidos al Club de Muntanya Botamarges de Forna por todo lo que hicieron por nosotros ese día.

El pasado sábado 8 de octubre un destacamento de locos Correbirras nos enfrentamos al Botamarges. Bajamos al infierno, escribimos nuestro nombre con letras de fuego y hemos vuelto para contarlo con la cabeza bien alta y con el orgullo de no haber perdido a nadie por el camino. Ya lo hicimos una vez en el Veleta y ahora hemos vuelto a demostrar nuestra valía y a firmar una de las páginas más gloriosas de nuestro joven club. Salvi Rincón, Ginés Soto, Fausto Chicano, Fernando Sánchez, José Antonio Vicente, Juanfra Martínez, Toni López, Edu Davó, Gaby Lozano, Fran Martínez, Anita Fuster y el que suscribe Óskar García han dejado el nombre de Correbirras en un lugar más que respetuoso en el mundo de las carreras en general y la montaña en particular. Hemos demostrado que aparte de las guasas y las juerguecillas, también sabemos correr y sufrir, y nos hemos sentido orgullosísimos de representar a tod@s nuestr@s compañer@s que hubieran querido estar allí y por diversos motivos no lo han podido hacer.
Y como ya dije tras la Subida al Veleta...para el año que viene volveremos con refuerzos y energías renovadas... a ver si nos llevamos también un jamón!!!!
Y ahora lanzo una pregunta al aire...
¿qué nos tendrá reservado el destino para superar esto...?

|
|